Las vacaciones son un período de tiempo ideal para compartir, en familia, algunos de los placeres que pueden darnos las artes.
Planificar los viajes de manera que siempre quede un ratito para descubrir algo bello hecho por el hombre, nos abrirá todo un universo de posibilidades. Ruinas, edificios, museos, templos, pero también conciertos, teatro, danzas folklóricas, cine y… siempre quedará tiempo para abandonarse en manos de un buen libro.
Viajar con los hijos supone tener que renunciar a algunas cosas pero, en cambio, nos servirá para desarrollar su curiosidad, su capacidad de adaptación (que suele ser pequeña) y el gusto por conocer.
La mejor manera para que se aburran es intentar colocarles, a la fuerza, todo un ambicioso programa cultural. Hay que potenciar el interés, pero sin convertirlo en una obligación. Para los más pequeños habrá que “inventarse” algún juego. Algo que funciona muy bien es mostrarles fotografías de lo que se visitará para que luego ellos lo reconozcan satisfechos, en vivo y en directo. Nos será fácil que imaginen cómo debieron ser esas ruinas que contemplamos, en un esplendoroso tiempo pasado. Normalmente les gustará más conocer anécdotas e historias relacionadas con lo que están viendo, que fechas o nombres, pero si despertamos su interés, con el tiempo, querrán conocer más y se documentarán en libros, enciclopedias o en internet.
Si les damos un par de datos para que sepan diferenciar el arte gótico del arte románico, por ejemplo mediante los arcos de las ventanas, puede convertirse en un divertido juego de descubrimiento.
Todo aquello que vivimos con intensidad, va dejando un poso, lento y seguro que formará el gusto y el sentido estético. Un buen libro, una buena visita, un buen concierto… sin querer ser demasiado elevados, jamás se olvidarán.
Viajar y conocer mundo siempre nos enriquece. Nos hace más tolerantes y humanos. Muchas personas creen que el dinero invertido en viajar, se pierde en cuanto acaba el viaje. Yo creo que no. Lo que vivimos nos lo llevamos puesto. Uno puede invertir mucho dinero en un electrodoméstico, pero cuando se estropea ya se acabó. Invertir en cultura, es invertir en nuestro propio desarrollo y gozo.
Siempre será mejor planificar el propio viaje con independencia. No soy partidario de los viajes organizados porque, a veces, son una burbuja del propio país, que jamás llega a dejar que nos integremos en el entorno. No hace falta comunicarse, te cuentan todo en tu idioma, te llevan a comer, te llevan a dormir… es como ver un documental pero en directo. Normalmente, los viajes organizados por agencias, siempre estarán poco rato donde tú estarías más y dedican demasiado tiempo a aquello que no te interesa en absoluto.
Por otro lado, no creamos que aquel que puede permitirse viajes más caros y lujosos, llegando al otro lado del planeta, será más feliz. Un viaje, unas vacaciones, pueden ser toda una aventura aunque tan sólo nos desplacemos unos cuantos quilómetros de nuestro hogar. Interés por conocer, capacidad de sorpresa y un poco de espíritu aventurero son suficientes para que cualquier período vacacional nos permita conocernos mejor y nos regale imborrables recuerdos familiares para toda la vida.
¿Y qué es la vida sino un continuo viaje?